Escuchar la palabra cáncer puede asustar, más aún, hablar de ello con una persona cercana en el momento en que se presenta. Sentimos que queremos ayudar y a veces, no sabemos cómo ni qué decir y/o hacer.
Recuerdo como si fuera ayer, con 30 años, acompañada por mi madre, las palabras del Dr. en la consulta:
«Carme, tengo que darte una noticia que nunca hubiera querido darte, hemos encontrado unas células atípicas en la biopsia».
Así empezó un discurso delicado, cuidadoso, paciente, con mucho tacto, cariño y presencia sincera, dedicándome el tiempo necesario (se formó un retraso considerable) para hacerme llegar de la mejor forma posible, diagnóstico de cáncer. Me sentí tan bloqueada que no lloré ni tuve reacción visible alguna.
«Estás reaccionando muy bien» dijo el Dr. En realidad, no estaba reaccionando. Tuve la impresión de que el tiempo se detuvo en aquella consulta. Fue una sensación extraña, como de anestesiada. De entre los primeros pensamientos que me vinieron a la mente, mi melena, la cual llegaba a la cintura. No era consciente ni de lo que se me acababa de comunicar ni de las consecuencias que aquello tendría en mí y en mi entorno. Empecé a serlo en el momento en que lo verbalicé a mis amistades a mis compañeras de trabajo, a mis familiares.
A medida que pasaban los días y digería la noticia, fui consciente de la magnitud de lo que había escuchado y de lo que estaba por llegar. Visitas médicas, horas en urgencias, cirugía, quimio, huracán de emociones, sentirme físicamente mal, como nunca me había sentido, incluso sentir perder mi identidad con los cambios físicos durante el tratamiento.
Me daba cuenta de que las personas de mi entorno necesitaban o creían que debían decirme algo, pero no sabían qué ni cómo.
Todos tenemos mecanismos de ayuda y recursos diferentes. Cada una de la forma que sabía y podía, a veces con torpeza, con la mejor de las intenciones y mucho amor, intentaba ayudarme de algún modo.
En mi opinión y desde mi experiencia, lo mejor es que seas auténtica y honesta contigo misma a la hora de comunicarte. A veces pensamos que debemos decir algo especial y ahí nos perdemos porque no es auténtico. Así que si no sabes qué decir y sientes que quieres estar presente, ayudar, di exactamente esto:
«No sé qué decirte, estoy aquí para lo que necesites»
Es importante antes de hablar, pararse un segundo y preguntarse cuál es el objetivo de lo que piensas decir.
Evita palabras o frases como:
– Guerrera, batalla, campeona. Tener cáncer, no es una batalla en la que gana la persona más fuerte ni que mejor pelea. Utilizar este lenguaje, puede hacer sentir culpabilidad a la persona que lo padece, pensando que está haciendo algo mal o que no se está esforzando lo suficiente si las cosas no marchan bien.
– Estás siendo un ejemplo, no pierdes la sonrisa.
¿Ejemplo respecto a qué o quién? Con esta afirmación, estamos dando a entender que perder la sonrisa es negativo. Posiblemente, la persona afectada, esté haciendo grandes esfuerzos por sostener sus emociones o simplemente no pueda hacerlo. Acompáñale a reconocer y compartir sus emociones, llanto, miedo, rabia, impotencia, tristeza…
A veces, cuando decimos «no pierdas la sonrisa (no llores)», en realidad lo que nos está pasando es que no podemos sostener el sufrimiento de la otra persona, por lo que sin darnos cuenta, más allá de no querer verle triste o llorar, es que no podemos sostenerlo e intentamos evitarlo pidiendo de algún modo que no llore. Pon atención.
– Ya verás como todo va bien.
Aunque el pronóstico sea favorable, esta afirmación no es auténtica, pues, aunque el resultado sea positivo, no sabemos cómo irá el proceso, por lo que no puede llegarle a la persona que está angustiada, colapsada de información, incertidumbre y de emociones intensas que quizás, no sepa identificar o abordar. Mejor puedes decir:
«Sea como sea, estoy aquí para acompañarte».
– Tranquila, ahora se curan muchas personas.
La persona diagnosticada, no es «muchas personas», el dolor es personal en cada una. Decir esta frase, desvaloriza lo que está sintiendo. Además, estamos impidiendo la posibilidad de expresar sus emociones. Trata de normalizar la situación hablando de ello con naturalidad, no como si no pasara nada.
– Conozco un tratamiento que podría irte muy bien.
Es lógico querer hacer todo lo que esté en nuestras manos por una persona querida con cáncer si pensamos que puede beneficiarle, aun así, cuidado con sugerir tratamientos, pues puede hacerle sentir confundida o que no está tomando el camino correcto. Sugiere sólo si se interesa por otro tipo de tratamiento que no sea el suyo, si no se interesa o no lo pide, evítalo si no es totalmente necesario. Respeta su camino.
– Conozco a una persona que también enfermó de cáncer y lo llevó muy bien.
No hagas comparaciones. Cada historia es personal. Ni todos los tipos de cáncer son iguales, ni el tratamiento, ni los efectos secundarios, ni todas tenemos las mismas herramientas de autoapoyo…etc. Lejos de animar, puede hacerle sentir que lo está llevando mal. Todas las formas de gestionarlo son válidas. Es tan válido estar animada y querer compartir y exteriorizar, como no.
– Evita comentarios innecesarios que no sean de utilidad.
– ¿Cómo te encuentras?
Si es una persona a la que ves a menudo, no es necesario que se lo preguntes cada vez que la veas, sobre todo porque en un intervalo corto de tiempo, las novedades puede que no sean muy significativas. Deja que te explique cuando lo sienta.
– Sé cómo te sientes.
Recuerdo cómo se molestaba una amiga diagnosticada antes que yo, al decirle “sé cómo te sientes”, ella me contestaba molesta, «no, no lo sabes». Realmente no lo sabía. En su lugar, puedes acompañarle con tu presencia, mirarle a los ojos cuando te hable, preguntarle si necesita algo.
• Pregúntale si le apetece recibir visitas antes de visitarle.
• Invítale a dar un paseo.
• Ofrécete para tareas útiles y prácticas, para las que posiblemente tenga poca energía. Hacer la compra, cocinarle, acompañarle a las visitas médicas.
• Comparte las cosas que le gusta hacer los ratos que se encuentre bien para hacerlas, ríe, conversa.
• Déjale tomar decisiones.
• Un abrazo, una caricia, sostener las manos, una mirada de complicidad, un silencio, pueden resultar muy sanadores.







