En ocasiones, yendo por alguna calle poco transitada, tras varias experiencias de asalto, terminando afortunadamente en sólo un susto, he conectado con el miedo, la vulnerabilidad más profunda, la fragilidad, con la inseguridad donde antes me sentía segura realizando acciones que había hecho sin pararme ni siquiera a pensar, cómo llegar a casa sin mirar atrás. Me he girado imaginando que me seguían, incluso he podido oír pasos donde no los había. ¿Te sientes identificada?
Cuando nos sentimos amenazadas, conectamos con el miedo más primario, con el sentido de supervivencia.
Existen todo tipo de miedos y fobias, miedo a salir, a las arañas, miedo a las palomas, a volar, a los sitios cerrados… Por mucho que el miedo de alguien nos parezca de lo más insignificante, ninguno lo es, puesto que para la persona que lo padece puede llegar a ser realmente paralizante, por lo que nunca debemos regañar ni bromear, pues esto ridiculiza e invalida, además de no ayudar en absoluto.
Decirle a alguien con mucho miedo a algo que no es para tanto, no sirve, además de que seguramente, va a sentir que no le estamos teniendo en cuenta. El miedo como todas las emociones, es útil y necesario. Gracias a sentir miedo, vivimos, pues es el que nos hace salir corriendo si alguien nos persigue o cuando viene un coche hacia nosotras para no ser atropelladas en lugar de pararnos a calcular el tiempo que va a tardar en atropellarnos.
El miedo nos alerta de una amenaza y gracias a ello podemos reaccionar para pasar a la acción mediante un impulso energético corporal. Es pues, una respuesta adaptativa. Este impulso de reacción va a ser diferente en cada persona, esto tiene que ver con lo que consideramos importante para nosotras mismas o con nuestras necesidades. Una persona con miedo a las palomas saldrá corriendo al verlas, mientras que otra sin miedo, incluso puede pararse a darles de comer. Otra persona que sienta mucha necesidad de ser aceptada puede sentir miedo a decir no a alguien, mientras que otra que no tenga esta necesidad, decir no, le será mucho más fácil.
El miedo es un problema cuando nos es tan intenso que nos paraliza o se convierte en una fobia, generando ansiedad, vergüenza, quizá sentimiento de culpabilidad por creer que no somos capaces de superarlo impidiendo realizar cualquier acción por muchas ganas o necesidad que tengamos de realizarla como por ejemplo dejar de ir al médico por miedo a los resultados, agujas, recorrer un camino mucho más largo del que necesitamos para llegar a un lugar por no pasar por un tramo, miedo a conducir…
Ante un miedo, perdemos la seguridad, tanto si somos conscientes del detonante que lo provocó, como si es un miedo que tenemos desde la infancia y no sabemos por qué lo sentimos. Es necesario dejarse sentir esa inseguridad con los mecanismos de evitación que esta conlleva, como dejar de hacer lo que nos da miedo y paso a paso, ir realizando acciones para superarlo y poder pasar a la acción.
Un miedo no debe normalizarse cuando es incapacitante. Podemos llevar toda una vida sintiéndolo por algo e integrarlo tanto que nos parezca algo normal y no, un miedo que incapacita a realizar cualquier acción, ni es normal ni sano. Hay que darle un espacio, transitarlo y sostenerlo en vez de evitarlo.
Dependiendo de la magnitud de la situación vivida, el miedo será más o menos intenso. Cuesta trabajo, energía, tiempo, pero poco a poco, verás que, en un porcentaje muy alto, lo que más nos asusta, son las historias mentales que nos construimos desde ese miedo, pensando en lo que va a suceder que lo que sucede en realidad cuando lo transitamos.
Aquí tienes algunas pautas y preguntas para relacionarte con tu miedo y poco a poco superarlo:
– Identifícalo
– Fíjate si además del miedo, te vienen otras emociones. Tristeza, rabia…
– ¿De dónde viene este miedo?, ¿lo recuerdas? quizá de una situación traumática antigua en la que te sentiste amenazada. Las sensaciones, también son recuerdos.
– ¿Qué es lo qué te asusta?
– ¿Qué es lo peor que podría pasar si lo transitas?
– ¿Qué beneficios te da sentirlo y evitar transitarlo? Toda conducta tiene una intención positiva, puede ser que evitarlo te produzca comodidad, por ejemplo.
– Pregúntate también qué necesitas para transitarlo. Quizá a alguien que te acompañe, si es así, pídelo.
– Expresa tu miedo, verbalízalo y compártelo con alguien de confianza.
– Pide ayuda. Te calmará la sensación dentro de ti además de darte confianza para realizar pequeñas acciones. En este punto, es importante remarcar que una cosa es compartir tu miedo, lo cual sana y otra regocijarse en él. Hay personas que esperan cualquier oportunidad por mínima que sea, para aprovechar y hablar de su miedo o situación y así alimentar su sensación. Debes evitar cualquier acción que alimente ese miedo.
– Es muy importante que no te compares con nadie para no caer en la culpabilidad o sentimientos negativos que intensifiquen tu malestar: “Esta persona es capaz de hacer tal cosa y yo no”.
– Respeta tu ritmo y paso a paso irás realizando pequeñas acciones que te ayuden a superarlo.
Te acompaña a dar los pasos que te lleven a superar tu miedo.







