Cuando queremos cambiar lo que es inevitable, una situación dolorosa, intentando adaptarla a nuestras necesidades, como no es posible, puesto que lo único que sí es posible cambiar, es la interpretación que tenemos de lo que nos sucede, sufrimos. No es “la realidad” lo que nos hace sufrir, es la no aceptación.
El dolor y el sufrimiento son diferentes. Si hablamos de dolor emocional, aparece, por ejemplo, tras una experiencia de duelo como la pérdida de personas queridas y se manifiesta con una intensificación de la tristeza, aparición de angustia, un estado de desánimo. Es natural y necesario dejárselo sentir, aunque nos hayan educado para evitarlo. ¿Cuántas veces hemos escuchado, no llores? Sí, ¡lloremos! Todas las emociones son igual de válidas, necesarias y debemos expresarlas. Las emociones que no se expresan, nos enferman.
El dolor es personal en cada persona, por lo que lo vivenciaremos de forma distinta y lo integraremos a un ritmo también distinto, dependiendo de la magnitud de la experiencia que lo provocó. Cuando este estado de dolor se alarga más de lo debido, será necesario profundizar en él para buscar alternativas y cambiar. Esto no significa que al recordar la pérdida o que la situación que sea que nos haya provocado dolor, deje de hacerlo, significa integrar esa experiencia en nuestras vidas y ser capaces de seguir adelante con ella sin un dolor paralizante.
El sufrimiento se produce ante la no aceptación, ante la lucha por cambiar lo que estamos viviendo. Es un intenso desgaste de energía y también nos enferma pudiendo desencadenar en depresión. Aparece cuando nos apegamos a lo que ya no es, en algunas personas puede durar toda la vida.
Es necesario dejar de poner resistencias, mirar hacia tu interior, tu herida. Darte cuenta de que no estás aceptando, ser amorosa contigo misma, paciente, aceptar lo que no puedes cambiar.
Sanar, requiere de esfuerzo, quizá no puedas todos los días y está bien. Mímate cuando no puedas, acéptate, acéptalo, permítete no poder a veces, sin juicio, sin culpa, respira. Si necesitas ayuda, pídela.
Es por las grietas que entra la luz.







