Si bien entre un proceso de duelo y un estado de depresión hay similitudes tanto en los síntomas que presentan (tristeza, apatía, desesperación), como en las circunstancias de la vida por las que pueden ser provocados, es importante distinguirlos.
El duelo es la reacción y el proceso natural de una persona frente a una pérdida, es el camino para recorrer hasta la aceptación e integración en nuestra vida de esta, por lo que cada persona a nuestro ritmo y dependiendo de varios factores relacionados con la pérdida (circunstancias, vínculo afectivo, situaciones inconclusas pendientes…), lo integraremos en nuestra vida sin necesidad de fármacos, encontrando nuevas motivaciones y proyectos para continuar viviendo. De hecho, no es recomendable el uso de fármacos, pues es necesario transitar sus etapas y emociones para poder elaborar y cerrar sanamente el proceso.
La persona que está en duelo es totalmente consciente de lo que ha perdido y por lo tanto la causa.
No es un estado patológico.
La depresión es un estado patológico incapacitante de duración prolongada en el que la persona no encuentra motivación en la vida, ni para recuperarse ni para recuperar su vida. Precisa de tratamiento farmacológico. Se caracteriza por una falta de interés profundo por el mundo exterior y por la misma persona, manifestado por autodestrucción. Sus causas pueden ser al igual que en el duelo, por circunstancias de la vida como la de una pérdida la cual la persona no ha podido aceptar, quedándose enganchada en la tristeza, además de por factores neuronales, genéticos o la propia predisposición a estados depresivos.
La persona con depresión no siempre sabe cuál es la causa.
Circunstancias que pueden desencadenar depresión
– Enfermedades
– Soledad
– Estrés
– Baja autoestima
– Historia personal (duelos no resueltos, abusos, manipulaciones, abandonos, maltrato)
– Renunciar a lo que uno es
– Renunciar a las propias necesidades o deseos para ser reconocidos por los demás
– Reprimir los sentimientos y emociones.
Algunos síntomas de depresión
Tristeza, llanto, apatía, fatiga, pesimismo, desgana, alteraciones del sueño, baja energía, dolor muscular, dificultad de concentración, alteraciones alimenticias, pérdida de interés, aislamiento, ira, confusión, desorientación, desesperación, ansiedad, pensamientos autodestructivos o suicidas.
El tratamiento farmacológico en la depresión es necesario sobre todo en etapas de crisis para evitar o disminuir los síntomas del impacto de una situación, una noticia o a un estado negativo intenso aún sin saber la causa para poder soportarlo y sobrevivir a ello, sin embargo, los síntomas no son enemigos, sino que nos alertan de que algo no marcha bien, nos dan la oportunidad de pasar a la acción para tratar de encontrar una solución, por lo que medicarse sin prestar atención sobre lo que nos están mostrando, no nos proporcionará herramientas de autoconocimiento para el propio autoapoyo, dependiendo de la medicación.
Paso a paso, los fármacos deben ser sustituidos en la medida de lo posible, por el propio manejo de las herramientas y recursos de la persona para el autoapoyo y gestión de las situaciones y emociones, lo que se consigue con un proceso de acompañamiento emocional, pues no hay que confundir entre eliminar los síntomas y eliminar o aliviar la depresión, esta se aliviará, prestando atención a los síntomas, no evitándolos, esto es aplicable a cualquier dolencia. Si por ejemplo, para una lesión en la columna que precisa de ejercicio físico ya sea activo o pasivo, solamente nos medicamos para evitar el dolor, lo que estaremos haciendo es exactamente esto, evitar el dolor agravando así la lesión con el paso del tiempo, llegando a cronificarla, por lo que al igual que en el ejemplo, en la depresión, será de suma importancia atender los síntomas lo antes posible con ayuda profesional conjuntamente con la farmacológica, pues cada una tiene su función, para aprender herramientas de gestión emocional y autoapoyo y así, no depender únicamente de algo externo, en este caso, la medicación.
La solución no está afuera. Cuando hablo de solución, me refiero a vivir lo mejor posible en la situación que estés. Cuanto más te conozcas a ti misma, cuantas más herramientas de autoapoyo aprendas, más consciente estarás, más capacitada, más empoderada, menos dependiente y por lo tanto con mayor bienestar.
¿Para qué iniciar un proceso de acompañamiento y desarrollo personal?
– Entender lo que ha pasado y está pasando dentro de ti (tus carencias, necesidades, miedos, autoengaños, mecanismos, evitaciones, patrones…)
– Identificar la/las causas de tu malestar
– Identificar el momento inicial
– Descubrir tus propias herramientas para el autoapoyo
– Aceptarte a ti misma
– Recuperar tu vida y avanzar sanamente
El camino no es fácil, no. Requiere paciencia, amor y compasión hacia ti, responsabilidad, acción, confianza…
La vida es un vaivén, un sube y baja, es inestable, ni justa ni injusta, la vida es. Estás viva y mereces recuperarte en la medida que te sea posible a ti misma y a tu vida Aquí y Ahora.
Te acompaño.







