Cuando nos encontramos ante una persona que ha sufrido una pérdida importante en su vida, en duelo, nos surgen infinidad de dudas y miedos acerca de cómo acompañarle en su proceso y dolor.
Además de las dudas naturales sobre qué hacer o qué decir, es importante reconocer que gran parte de la dificultad en el acompañamiento procede de nosotras mismas, de nuestro propio miedo a la muerte, de nuestra dificultad para sostener y gestionar lo que expresa la persona afectada. Aún más, con la conciencia de no estar en nuestras manos, el quitarle el dolor y que, por el momento, posiblemente, nada de lo que digamos, le aliviará, por lo que en muchas ocasiones e inconscientemente, lo que estamos intentando evitar al consolar a una persona en duelo, no es que no sienta dolor o sufrimiento en sí, sino evitar sentirlo nosotras mismas en nuestra incapacidad de sostener y gestionar lo que vive la persona afectada. En este punto, es importante pararse un momento y preguntarse ¿a quién estoy intentando consolar verdaderamente? Diferenciando lo que es tuyo de lo que es suyo. Identificando lo que corresponde a ambas partes, podrás ponerte en su lugar y a su lado, transitar por las diferentes etapas del proceso.
El duelo duele. El dolor forma parte de la vida y es parte del proceso hacia la sanación, por lo que evitarlo, no aliviará ni facilitará la elaboración del duelo
¿Cómo acompañar entonces a una persona en duelo?
El acompañamiento puede resultar difícil y doloroso, a la vez que amoroso. Estas pautas nos pueden ayudar:
Estar presentes plenamente, escuchando, no sólo con los oídos, mirando a los ojos, escuchar con el alma, interesándonos sinceramente, esto es, estar abiertas y preparadas para escuchar lo que sea que la persona en duelo necesite expresar. Ofrecer ayuda práctica, respetar el proceso, ser auténticos, acompañar con amor desde la autenticidad y presencia.
En ocasiones, pensamos que tenemos que hacer o decir algo especial, esta autoexigencia y creencia, hace más difícil el proceso de acompañamiento.
Lo que necesita una persona en duelo, es nuestra presencia auténtica y ayuda práctica, ya que la falta de energía y el estado anímico del momento, pueden convertir actividades cotidianas en un sobreesfuerzo para ella, en ocasiones, incapaz de realizar (hacer la compra, cocinar, lavar).
Si no sabes qué decir, evita frases hechas, ya que estas, al carecer de emocionalidad, autenticidad y sentido, no llegan a la persona. Acompáñale con silencio, con tu presencia verdadera, con un leve contacto físico como poner tu mano sobre la suya. En lugar de las típicas frases, dile la verdad acerca de cómo te sientes: “no sé qué decirte, estoy aquí para lo que necesites” (autenticidad).
Dale la oportunidad de expresarse de participar en las tareas que quiera participar (ayudar sin invadir).
Una persona en duelo experimenta cambios repentinos en sus emociones, las cuales expresa de diversas formas, llantos gritos. Irritación, tristeza, culpa, miedo, rabia, dolor o desespero estarán presentes durante el proceso. No tomes nada como personal.
Si habla de la persona fallecida, escúchale. A veces, cambiamos de tema pensando que hablar de la pérdida le es perjudicial, al contrario. Habla con naturalidad. Refuerza los recuerdos positivos.
Cada persona transita las etapas del duelo de forma diferente, el dolor es personal, por lo que debes evitar hacer comparaciones con la situación de otras personas, esto, invalida su sentir.
Aceptar y respetar su proceso, permitirle que se exprese, hacerle sentir acompañada, le allanará el camino.
Tu presencia auténtica, es la herramienta más valiosa.







