Las palabras tienen el poder de herir. Una palabra amable puede resultar un bálsamo, un remedio en un momento difícil o dañar más que un golpe. Tienen efectos psicológicos.
Pueden cambiarnos el estado de ánimo, quedan grabadas en nuestro subconsciente creando un impacto y efecto. Son tan poderosas que pueden marcarnos para siempre, ya sea positiva o negativamente, sobre todo, las palabras recibidas en la infancia por personas a las que admirábamos, referentes.
Con la palabra nos comunicamos, en ocasiones, sin prestar atención a este poder, “las palabras se las lleva el viento”, se dice, nada más lejos de la realidad, las palabras calan y es nuestra responsabilidad la intención que pongamos en ellas para crear ese impacto, ya sea hacia nosotras mismas o hacia las demás personas. No somos responsables de lo que interpreten las otras personas, pero sí de lo que decimos, cómo y con qué intención.
Pronunciar palabras requiere de nuestra fuerza vital, de nuestro aliento. Al pronunciarlas y dependiendo de la intención que pongamos en ellas, tendrán un efecto distinto. Si antes de expresarlas las filtramos por el corazón, potenciaremos su poder sanador, si, por el contrario, las filtramos por sentimientos de rabia u odio, potenciaremos un poder destructivo, tanto para quien las recibe, como para nosotras mismas, pues nos llevarán a un estado no deseado.
Las palabras, el lenguaje que utilizamos y cómo lo utilizamos, influye en la forma de relacionarnos. El modo en el que nos dirigimos a una persona tiene consecuencias, podemos reducirla a un nivel inferior suponiendo una carga emocional o por el contrario, posicionarla a un nivel superior aumentado su autoestima o motivándola.
La repetición de palabras tiene el poder de fijar un pensamiento o estado emocional, como los mantras.
De ellas, dependen muchos hechos importantes en la vida.
Tu diálogo interno, cómo te hablas a ti misma, va a influir en cómo desenvolverte en la vida y por lo tanto en los resultados, así como en la percepción que tengas de ti. Si continuamente te repites no sirvo para esto, realmente lo crearás, lo que crees, lo creas.
Tus palabras, son una manifestación de tu mundo interior, de tu comportamiento, pensamientos y nivel de conciencia.
¿Alguna vez has puesto atención a tu forma de comunicarte contigo misma y con las demás? ¿Tu diálogo es positivo o negativo? ¿A menudo tienes un NO o una palabra negativa?
Medita bien tus palabras antes de dejarlas ir, pues no hay vuelta atrás, como cuando arrugamos un papel e intentamos dejarlo como al principio, no es posible.
Te invito a que pongas atención a tu lenguaje, a tu vocabulario, a tus palabras, a tu diálogo interno, a tu forma de expresarte. Identifica que tipo de lenguaje utilizas, ¿tienes tendencia a un lenguaje afirmativo o negativo?
Una vez que hayas identificado lo anterior, te invito a que cambies las palabras o expresiones negativas y por lo tanto limitantes por otras motivadoras, positivas, potenciadoras, amigables, tanto para tu diálogo interno como para dialogar con los demás.
Observa qué cambia.
• Pero
Cada vez que decimos “pero”, anulamos lo dicho anteriormente. “Lo estás/estoy haciendo muy bien, pero te/me falta práctica”.
En su lugar di: lo estás/estoy haciendo muy bien, sigue/seguiré practicando.
• Imposible
Cuando pronunciamos la palabra “imposible”, automáticamente nuestro cerebro deja de buscar alternativas. “Es imposible, no voy a conseguirlo”
En su lugar di: está siendo difícil.
• Intentar
Al decir “voy a intentarlo”, estamos empezando algo con un gran margen de posibilidades de no conseguirlo.
En su lugar di: voy a pasar a la acción.
• Por qué
Cuando nos preguntamos el “por qué» acerca de algo, las respuestas son justificaciones, la mente se va al pasado.
En su lugar di: ¿para qué? (¿para qué estoy haciendo esto?) Las respuestas se enfocan en el futuro. Nos hace tomar conciencia de qué es lo que nos impulsa a hacer lo que hacemos.
• No
Construye frases afirmativas en lugar de negativas, por otro lado, expresa lo que quieres en lugar de lo que no quieres, verás como centrarte en lo que sí quieres, te ayuda a conseguir tus objetivos.
“No quiero tal cosa”
En su lugar di: quiero…
• Días lluviosos
Seguramente al abrir la ventana y ver un día lluvioso, en más de una ocasión hayas dicho, “hace un día horrible”.
El día no es horrible, el día es simplemente, llueve igual que hace sol. La forma de designar el día va a influir en cómo se desarrolle.
En su lugar di: está lloviendo
Estos han sido algunos ejemplos de cómo construir un lenguaje positivo con palabras de poder. Practica con tus pensamientos y vocabulario.
Utilizar un lenguaje positivo, significa tomar conciencia de su efecto en los demás y en nosotras mismas mejorando las relaciones y nuestro bienestar. Nos ayuda a ser flexibles encontrando nuevas posibilidades y soluciones, nos da información de nuestro mundo interior para poder cambiar lo que necesitemos y tener mejores experiencias.
¿Te parece que las palabras tienen poder?







